2.10.10

Una noche con Mariana

Las cosas podrían haber sido distintas esa noche. En vez de quedarme con Paula, podría haber optado por alguna de las otras. En realidad por la otra, porque Chernobyl había quedado descartada de plano después de mi comentario sobre su desconocimiento de Buenos Aires. En efecto, mientras yo hablaba con una tuve varias veces la oportunidad de intercambiar miradas con la otra, que cada tanto aportaba algo en nuestra conversación, acaso como si estuvieran disputándose la presa con su amiga. Tendría que haber hecho algo, quizás, pero adopté una actitud absolutamente pasiva, concluyente en que me dejara llevar por la que había marcado territorio en primer lugar. Ahora es tarde. No puedo cambiar los hechos pasados. Pero puedo recordar una versión posible, alternativa.

En algún momento Paula se levantó para ir al baño y yo giré hacia el otro sector de la mesa. La rubia seguía mirándome con cara de pocos amigos, pero Mariana, en cambio, volvió a sonreírme al tiempo en que empezaba a tantear el terreno. Fue demasiado para la Chernobyl, que también se levantó en dirección a los sanitarios. Su amiga aprovechó la ocasión y dijo sentirse un poco mareada, entre el humo y la música y el alcohol la cabeza no me da más, necesito un poco de aire... ¿me acompañás afuera? Miré hacia los costados: no había moros (ni Paulas) en la costa. Me levanté de la silla y le extendí la mano, ella la tomó con la suya y así, estrechándolas bien fuerte, nos encaminamos hacia la puerta y la calle.

Aproveché la luz para mirarla mejor: era un poco más alta que yo, de sonrisa amplia y cabellos tan oscuros como sus ojos, clavados en mí y capturándome en la profundidad de su mirada. Solté su mano para rodearla por la cintura y empezar a caminar sin un rumbo definido. Ella me seguía, se dejaba llevar sin la más mínima resistencia. Desde que habíamos pisado la vereda ninguno había vuelto a hablar, íbamos en silencio, en movimientos acompasados y lentos, pensando en nada, hasta que nos interrumpió un estruendo de Bizarre love triangle desde el fondo de su cartera. Ella sacó el aparatejo ése del demonio, le echó un vistazo, y lo volvió a guardar, no sin antes apagarlo. Yo la miré extrañado. Ella se largó a reír, y empezó a argumentar que la pesada de Paula me llama por cualquier boludez, que no joda. ¿Resultaste un poco garca, Mariana, o me parece a mí? En ese entonces, no me importó. Reí yo también, y ¿querías aire vos? Tengo la moto en la otra cuadra, vamos a dar una vuelta.

Seguimos caminando en medio de una animada charla hasta dar con la Yamaha, entonces me puse de frente a ella y, diciendo alguna estupidez relativa al priorizar la seguridad, tomé el casco con ambas manos y lo llevé sobre su cabeza, Mariana alzó los brazos y sus dedos pasaron por mis dedos y después al casco, mis manos se deslizaban hacia atrás y hacia abajo, por su nuca y el cuello, lentamente de vuelta hacia adelante y entonces entre mis dedos se encontraba su barbilla frágil e impoluta, más arriba sus labios cada vez más cerca de los míos hasta encontrarse y el beso, consecuencia obvia y natural del proceso de seducción que ella había iniciado, de ese fuego que ardía en mí en espera de un momento y un objeto para ser liberado. Sin generar el más mínimo disturbio ella depositó el casco sobre la moto y juntó sus manos entre mi pelo, con delicadeza en un primer momento y después cada vez más fuerte, aumentando en proporción con la intensidad que se jugaba entre nuestras bocas y los cuerpos, apenas separados por esas capas de ropa que se disolvían en el sentir, mis manos iban descubriendo lentamente sus curvas mientras las suyas comenzaban a bajar por mi espalda y mi pecho, las piernas de los dos entrelazadas y no sé cuánto tiempo estuvimos así, quizás sólo unos segundos, quizás horas, pero de cualquier manera, y por fuera del absurdo de linealizar y objetivar la experiencia, fue poco y mucho, el tiempo justo y necesario para hacer del momento la perfección. Finalmente abordamos la moto y enfilamos para el sur. Bordeando la playa llegamos hasta los acantilados, donde nos detuvimos un rato para ver las olas romper contra las piedras y continuar con el ritual besístico bajo la luz de la luna.

El frío y el viento pudieron más que nosotros, por lo que pocos minutos después terminamos volviendo a la ruta. Yo iba de vuelta hacia el centro, aunque sin un destino demasiado claro, hasta que en algún momento me dejé llevar por las instrucciones con que ella me iba acariciando el oído. No sabía a dónde estábamos yendo y tampoco me importaba, de modo que ni pregunté, yo escuchaba y seguía hasta que listo, pará por acá... llegamos. Un minuto más tarde estábamos entrando en un edificio, y otro después en su cama. Un sexo apasionado, fuerte, salvaje... y truncado: en algún momento, en medio del éxtasis, se me escapó, sin que me percatara de ello, un apelativo. Ella se detuvo abruptamente y ¿qué dijiste? Yo la miré extrañado, sin saber qué contestar, sin saber siquiera qué había hecho. Boludo, ¿“Pau” me dijiste? Y ahí entendí todo. Las cosas no podrían haber sido de otra manera.

17.9.10

Tomado

Sangre chorreando por las paredes
Nuestra sangre
las entrañas vomitadas y todas desparramadas
somos como animales
nunca domesticados
por fuera de toda razón brota este latir
un poco asesino
sobre todo kamikaze.


¿Dónde están las palabras
cuando nadie las busca?


Es una sucesión infinita
seriada
predecible,
pero nadie la menciona.

Ya casi es primavera,
las hojas siguen secas y cayendo
las flores marchitas,
olvidadas,
dos veces muertas
la rosa con su vida pierde el nombre
como este invierno que se desdibuja
sin horas ni estaciones
el frío perpetuándose entre la oscuridad
Y esta noche,
¿cómo escribo,
si no tengo lápices
ni memoria?

9.8.10

Times

Te llamás Mariana, o Lucía, no me acuerdo ya. Nos conocimos hace tiempo, cuando niños y el arenero. Vos ibas de juego en juego, libre con tus pelos largos y lacios al viento. Yo te veía ir desde el subibaja y sabía que eso que ardía en mí era el amor.

Mucho tiempo después te vi pasar por la calle. Ya para ese entonces había olvidado tu nombre, pero en cambio descubría que la calidez de esa sonrisa se había transformado en una marca indeleble. Escuché tu voz y reconocí ese cantito en las últimas sílabas de las esdrújulas y supe que lo recordaría para toda la vida. Vos no me reconociste, o te hiciste muy bien la boluda.

Hoy te vuelvo a ver, sentada en este bar. Estás pagando tu café con leche y te vas a ir y yo no me atrevo a hablarte. Acaso sólo me quede un resto de amor consumido, un dejo amargo en la boca, la añoranza de esos labios que no voy a probar, el recuerdo de un rostro destinado a desvanecerse junto a su nombre.

12.7.10

let it go

Obviamente la realidad es más fuerte que mi endeble voluntad, y por tanto resulta que adiós plazo impuesto, me tomo una prórroga hasta fin de mes para terminar la novela. Esperemos que funcione.

2.7.10

freaking out

Hace un par de días me impuse un plazo de una semana para terminar la novela. Falta un 30% del texto y las correcciones y me estoy volviendo loco, y en el medio están los partidos de cuartos y las semifinales. Pero todavía confío en que puedo llegar. Esperemos que así sea.

23.6.10

proton

¿Te acordás
éramos los dos
nada nos importaba
éramos
felices?
Juntos de la mano
inseparables
hasta que era la hora de volver
hasta mañana

alguien tiró la piedra
tu cabeza y sangre
alaridos
ambulancia

¿Te acordás
el frío
casi muerte
vos no estabas?


***


Yo era chico y jugaba, dos, tres, cinco vueltas al arenero, en el trencito, justo antes de que cayera la tarde caía, aguacero de emociones, afecto qué efecto, y desde entonces

Quizás, el fin del día, acaso el ocaso
rojo muerte cubriendo el cielo.


Nunca más volví. Me fui lejos, cambié el ta-te-ti por, una moneda, la suerte echada y cayendo al piso, completamente fuera de control ¿cómo medir las variables? Impulso, distancia, viento, resistencia.
En la soledad de la cama
frío

como decirte
que tengo miedo.


***


Estábamos invitados a tomar el té
en la antesala de los grandes
no podíamos escuchar
del otro lado de la puerta
la eterna discusión


¿qué es el amor?


Yo amo
¿tú amas
él ama?

Cómo decir
Cómo conjugar

¿Cómo lograr
que me escuches?


***


No te vayas.
No me dejes solo
agonizante
perdido sin conocer
la respuesta
Quedáte.

Yo amo
¿y tú?

Parece que me quisieras desaparecer
que para vos
no soy más que un obstáculo
algo para dejar en el camino
¿no funcionaba así?
En el ciclo sin fin
para que algo nazca
otra cosa
tiene que morir.

17.6.10

déjà

Dando vueltas siempre
hasta detenerme en un punto
-el mismo-
esto ya fue
escrito
visto
vivido
esto
repasarte una y mil veces
elevarte una y mil veces
volver a amarte
como la primera vez
entre palabras y miradas
yo no confío en tus ojos
que me mienten siempre
a veces pienso que en realidad todo es un juego que desaparece en tu ausencia
a veces pienso
pero en general no
me quedo en el sufrimiento de una herida
-la misma-
que ya fue
y es de nuevo
una y mil veces
el límite de todo lo posible
en tus ojos mentirosos
en mis palabras calladas
la finitud de un discurso inaprehensible
y vacío.

2.6.10

[D] Lechones

nos vemos morir los unos a los otros
y casi que nos produce una sonrisa
otro animal muerto
por fin un poco de proteínas en nuestra dieta
así
vamos a poder crecer
cada vez más fuertes
más despiertos, más ágiles
para elaborar nuevos números
así
sería
si el mundo fuera ideal
y las proteínas no vinieran acompañadas de grasa
que nos achancha
y nos hace engordar
como también engorda la culpa
por comernos a nuestros hermanos.

26.5.10

bruchus revolutions 1.1

... y finalmente logré meter el puto like button de facebook. y el share, ya que estamos.

24.5.10

bruchus revolutions

El proyecto de novela es de dedicación exclusiva y por tanto cualquier otro tipo de producción ha sido suspendido, en detrimento de los updates de este blog. De todos modos, me hice un ratito para actualizar su formato y hacerlo un poco más amigable. He aquí el resultado.

18.3.10

[fr.] IV

Yo tenía un solo casco por aquel entonces, y obviamente lo cedí a mi acompañante. Nosotros charlábamos y la moto iba, sin un rumbo fijo, hasta llegar a una estación de servicio de ésas que parecen tener attachado el patio de comidas de un shopping. Por cinco dólares o un poco más, submarino y café doble. Se llamaba Inés y sonreía como ninguna. Su expresión cambiaba en cuestión de segundos, llevaba la cara por espejo del ánimo, del alma, en el brillo de sus ojos evidenciaba su pasión para vivir la vida, el amor y el enojo y la alegría por el chocolate, nos perdíamos los dos en la conversación llenos de interés por el otro, me atrapaba el cuerpo entero contándome la historia de su vida, se sumergía ella en mí cuando le hablaba del desarraigo y mis épocas parisinas. Ocurre que por el trabajo de mi segundo padre, diplomático él, desde los nueve hasta los doce años estuve viviendo en la capital de la France, y cuando volví obviamente ya no era el mismo. En el secundario me enseñaron que eso era el “viaje del héroe”, como Hércules u Odiseo, después alguien hablaría de los ritos iniciáticos y el Bar Mitzvah, el el único problema era que yo no tenía ni medio pelo de héroe, mucho menos de judío adulto, por lo que el significado del viaje cobró sentido recién cuando un fulano pisco-analista me habló del lado de acá y el de allá, tener dos orillas y perderse en el medio del océano tempestuoso, naufragar a la deriva sin conocer ni origen ni destino, yo tenía 15 años y entraba en crisis porque no sabía si yo era yo o el otro yo o, por qué no, Irene, como aquel profesor que hablaba de su novia María “que puede ser Carlos”. Ine estaba saliendo de Olivos por primera vez, acababa de empezar el primer año de su licenciatura en Letras y por ello se había mudado a un pequeño depto en Caballito, un dos ambientes con cocina que podés venir si querés, es medio un quilombo pero no como para asustar, y entonces dejamos las tazas vacías y de vuelta a la moto, yo tenía ganas de dar unas vueltas y ella dijo que no le molestaba, llovía y hacía frío pero no para nosotros, en vez del camino obvio por Independencia seguí por el bajo y de pronto estuvimos en su Olivos natal, doblamos en Corrientes para ver la casa de sus padres y volvimos por Maipú, un tramo de General paz y salimos por Urquiza, Triunvirato derecho se hace Corrientes y Drago y el parque, al final salimos a Acoyte y en algún momento llegamos, mucho menos caótico de lo que imaginaba, apenas algo de ropa desparramada sobre la cama y una tarta a medio comer en la cocina, además de los pelos de gato por doquier a los que por suerte no soy alérgico, sí a las abejas y berenjenas y personas mayores de cincuenta (gran excusa para no visitar a mi madre, por cierto), pero allí donde estaba era Inés y todo me invitaba a sentirlo hogar con todas y cada una de sus letras. Después de juntar la ropa y meterla en un bolso (en sus visitas dominicales la llevaba a casa de sus padres para ser lavada, me explicó) ella se sentó sobre la cama y me invitó a acompañarla. Se estiró hasta la mesita de luz, dio play a un discman que tenía conectado a unos parlantes, agarró un cenicero y encendió un Marlboro. Sonaba Angelene, presumiblemente a esta mujer le gustaba PJ Harvey y lo que escuchábamos se trataba de Is this desire?, para ese momento la conversación era ya mucho más pausada porque los dos nos perdíamos entre la música, después del cigarrillo el cenicero volvió a su ubicación original y me surgió besarla, un beso chiquito pero cálido y bienvenido, nos separamos y si no era felicidad lo que se le veía en esa sonrisa entonces no sé qué, mientras yo me dejaba caer mi espalda sobre la cama ella me abrazó de costado y besó mi mejilla justo antes de que nuestros torsos dieran contra las sábanas. No sé cuánto tiempo estuvimos en esa posición. Eventualmente, nos quedamos dormidos y cuando desperté el disco ya había terminado. Abrí los ojos y giré levemente la cabeza para verla dormir, su respiración contra mi hombro, todavía grabada en su cara la sonrisa. No me atreví a moverme, no quería despertarla. Volví a cerrar los ojos, volví a dormir.

16.12.09

XII

¿Cómo decir lo real?
¿Cómo encontrar palabras
para combinarlas y escribir
esto que te siento?

Mi condena de poeta
estar siempre buscando
en un viaje al interior las palabras
en la cabeza o quizás mi corazón
en la tinta de mi pluma y el blanco de la hoja
la articulación de una cadena insignificante
nimia e inútil
un montón de palabras desplegándose
la kathársis de mi alma
la calma,
el regocijo ante la producción de algo que leerán algunos pocos
y aún menos van a disfrutar
palabras vanas
¿cómo decir lo real?
¿cómo articular el verbo
para que sea carne?
¿cómo hacer para dejar de repetir que te amo
y comenzar a vivirlo?

10.12.09

[fr]. II

Hasta ese momento sólo había visto el jardín y la cocina, pero el resto de la casa me era aún desconocido. Debo decir que merece un párrafo aparte. La construcción databa probablemente de la década del 30 o del 40, pero había sido severamente refaccionada. El ancho del terreno andaría entre los 8 y 10 metros, habíamos entrado por lo que originalmente era la puerta al típico pasillo de las casas chorizo, ahora única puerta de acceso peatonal; aunque el frente de la fachada había sido alterado para construir una cochera, permanecía completamente armónico. Evidentemente, la tarea había sido encargada a un arquitecto con buen ojo. La cochera tenía una salida al pasillo, por la que entramos para encontrarnos con un reluciente New Beetle, propiedad de los hermanos, aunque sólo lo usaba Mauro porque a Paula le aterraba el tránsito porteño. Se lo habían regalado los padres cuando ella sacó el registro, antes de eso la cochera había estado vacía durante años porque la madre nunca manejó y el viejo (así llamaba Paula a su sexagenario progenitor) había decidido no hacerlo más después de un accidente que tuvo a mediados de los noventa y que por poco le cuesta la vida. Extraña coincidencia ésa, mi viejo murió cuando yo tenía 5 y él volvía de un viaje de negocios en Rosario, aparentemente manejaba a más de 150 kilómetros por hora y no pudo esquivar a un camión que venía en dirección opuesta y se cruzó de carril por vaya uno a saber qué motivo. Es aún al día de hoy que no he visto ninguna foto del accidente, lo lloré mucho cuando mamá me contó que había muerto y con el correr de los años me fue dando detalles, pasándome algún que otro recorte de diario, pero siempre sin imágenes. Probablemente, yo haría lo mismo con un chico chiquito, sé que entonces pataleé mucho porque quería ver cómo había sido el fin de mi padre, pero una colisión frontal a tal velocidad debe ser una imagen muy desagradable, el auto vuelto un montón de hierros retorcidos y quizás llameantes, además parece que mi viejo no tenía el cinturón puesto así que mejor ni imaginarme cómo quedó el cuerpo estrellado contra la parrilla del camión (animal muerto a la parrilla, ¿cómo es que yo sí puedo comer asados?), parece que el camionero tampoco llevaba el cinturón porque su cadáver yacía tendido a unos 50 metros de los restos de los vehículos, seguramente el lugar era un mar de sangre y los dos cuerpos completamente desfigurados, ¿quién en su sano juicio mostraría esas imágenes a un niño? Pero el padre de Paula se había salvado, él sí tenía el cinturón puesto y el airbag le salvó la cara, sólo sufrió algunos cortes menores, un par de huesos rotos y la destrucción total de su amado 323. Afortunado el tipo, parece que no solía usar el cinturón de seguridad pero las campañas de Luchemos por la vida habían prendido en su familia que lo obligó a adoptar la costumbre (sorprendentemente, las campañas ésas han tenido alguna otra utilidad más que el que yo recuerde que todas tomamos, pero Paula... iba manejando...).

13.11.09

Subirme a una máquina de muerte,
dirigirme
al encuentro con el otro
más allá de toda legalidad
sobre el límite de la vida
el otro es ella
Cecilia
como aquella primera vez
censurada
truncada
la fascinación ante lo prohibido
o más bien el asco
la falta marcada como una hendidura
un hueco
pozo del alma, sí, y entonces es eso
Cecilia la desalmada que viene a mi encuentro
para destruirime
para volverme esto que ya no hace, ya no hice
la solución a la dualidad puesta en la pasividad pura
como una piedra sólo recibir
padecer
el tiempo y el mundo erosionando
y así voy
soy ido
llevado
por unas circunstancias de mierda a volverme activo
y desencadeno la tragedia:
Yo embisto a Cecilia
y soy culpable del embarazo.

11.9.09

Dame algo
que me haga olvidar.
Dame un abrazo, o un porro:
me da igual.


Dame un momento
para desloggearme del mundo.


A veces,
necesito cortar el cable

La conexión permanente es nociva:
no puedo ser yo las veinticuatro horas:
Tengo que:
- borrar la cuenta de Facebook
- dar de baja el mail
- cerrar el Fotolog
- el blog
- Youporn

TODO.


Desaparecer del mundo,
perder MySpace para encontrarme,
armarme
apagar la tele y escribir mis propios programas
dejar de leerme en la radio, de escucharme en los diarios,
de verme en tus ojos.

Desaparecer del mundo,
sentir lo que es morir
encontrarme,
fuera del tiempo,
en la inmortalidad,
y renacer.


No quiero tu abrazo:
dame un porro.

15.6.09

¿Qué hacer cuando se acaban las certezas? ¿Qué cuando las creencias caen, una a una, hasta que ya nada queda en pie? Tiembla el mundo, y rompo en llanto. ¿A qué predicarle el ser? En el discurso de lo contingente nada es estable, nada donde hacer pie y comenzar a avanzar. ¿Es éste el límite? ¿No poder conocer redunda en no poder hacer? Eppur, si muove. El movimiento existe, a pesar de Zenón. El movimiento está, yo lo veo, ahí. ¿Y qué es lo que permanece? El río es y no es el mismo. Su esencia, el fluir, cambiar permanentemente, no ser. ¿Cómo hablar, cómo decir algo de él? Y sin embargo, hablamos, nos movemos, decimos que somos, que las cosas son. Las cosas fueron, en movimiento, yendo sin rumbo. ¿Existieron? Caídas las estructuras, no hay humanismo posible. Todo es caos, se mueve sin dirección, arrastrado por la corriente. Fumarse un porro y evitar todo posible intento de acción. Trasladar la determinación y la responsabilidad a una infinidad de circunstancias ajenas e incognoscibles, incontrolables. ¿Existe la voluntad? ¿Existen estos seres grises, a la deriva, perdidos? La sonrisa vacía de un sujeto ausente, ése que no puede decir ni hacer pero se mueve, como se movieron las cosas hasta su desaparición, su disolución en ese otro universo al que no podemos acceder, no todavía. Allá el mundo de los muertos, acá yo. Inmóvil, perdido. Perdiendo. El cigarrillo fue humo antes de diluirse. Todavía puedo saborearlo, a ese objeto ausente-inexistente. Como Ella, en mi boca antes de desaparecer.

19.5.09

Sleep well and see no morning, son of man

Farewell to all belongings
I won or bought or stole;
Farewell, my lusty carcase,
Farewell, my aery soul.


Esto es
el último soplo
las últimas líneas
finalmente
escapar
la procesión hacia lo inefable
desmaterialización para ser
pura potencia
pura energía
estar de vuelta y sin nombre
una alfa privativa para no morir
atravesar el límite
en tus ojos ser digno y gritar
cuando acá no hay más que mentiras
y buscar es lo único verdadero.

5.5.09

¿Deberíamos tener aunque sea una digna despedida? Nunca fuimos presentados. Irrumpimos cada uno en la vida del otro en distintas circunstancias, distintos tiempos. Y de a poco vamos desapareciendo. Perdura la memoria, la reminescencia de eso que alguna vez conocimos, como el aroma de una taza de café vacía o el último plano cuando la película ya terminó. Una despedida, el último parágrafo del capítulo, el último capítulo de la obra. Un epílogo, más bien, esta improbable despedida tardía. Yo ya no tengo más nada para decir. Tengo heridas que no van a ser curadas por palabras, mías o tuyas, porque todas las palabras son del viento, cuando no del lenguaje o la tradición. Esto no va a ser una despedida, ni un epílogo. Nada de eso. Esto es, la crítica, los interrogantes que se plantean al cerrar el libro, las posibles resoluciones, reflexiones, sentencias sobre aquello que ya fue escrito. Darle sentido, insertarlo en el mundo, hacerlo hablar. Como yo nunca pude hacer que vos hablaras, como yo nunca supe hablar.
Mis palabras son del viento. ¿No dije ya, no te creas mis palabras? Mi discurso es pura potencia, pura posibilidad; nada de lo que yo diga es. ¿No era que el hombre se define por lo que hace? Pero vos sos mujer, y te encanta verme prendido del discurso amoroso. No, no es una cuestión de género. No para mí. Para mí es ese aroma, ese dejo amargo cada vez que actualizo, por ejemplo, la imagen de esa noche, me estaba yendo de tu casa y, en medio de la duda, decidí optar por un abrazo tibio y silencioso. Quizás tendría que haber hablado. Quizás tendría que haber considerado la posibilidad de que el verbo fuese carne, que la articulación lingüística podía dar lugar a algo. A fin de cuentas, y mucho tiempo después, parece que me creíste cuando dije que iba a estar todo bien, que no era demasiado grave que no nos viéramos por un tiempo, a pesar de que en mis acciones estaba demostrando todo lo contrario. ¿Vas a volver a creerme?
En el principio era la palabra. Así nos conocimos, con palabras. Intercambiando escritos, manteniendo diálogos cibernéticos. Siempre dentro de lo discursivo. O casi. En algún momento, algo cambió. Y la palabra se hizo cuerpo. En algún abrazo traicionado por mi memoria y recuperado en algún diálogo con vos. En aquel primer beso esa noche de música y alcohol. Pero fue también más, y la palabra se hizo divinidad. Yo adoré tus palabras, todas y cada una de ellas. Te adoré a vos. Me gustaría poder decir que te amé, pero está esa canción que sostiene que el amor, no de a dos, es más difícil, y que suena a cierta flexión, cierta blandura y bondad de carácter, sobre todo si tenemos en cuenta que un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier, etcétera. Acá no hay puentes. Sólo dos caminos que tienen varias intersecciones. Parece que ya hemos pasado la última, y en ningún momento supimos viajar juntos.
A pesar de todo, yo creía en el Amor. Y yo creía que te podía amar, y que te amaba. Ese sentimiento que ardía en mí, la disposición constante y ese precipitarme en acción, para vos, hacia vos, ese fuego que ahora es brasa y amaga con apagarse. ¿Eso es la despedida? ¿Pisotear las brasas y dejar que humeen un poco, antes de que el viento esparza las cenizas y no quede rastro de la combustión? ¿Cómo puede tener algo de dignidad? Acaso sea la despedida un rito fúnebre en el que, por sobre todo, queda una inscripción. La palabra-divinidad, sustrato eterno de la memoria, de la eternidad de mis heridas, de la despedida que nunca vamos a tener. Escribamos, pues, un libro.

18.3.09

in memoriam (1987-2008)

Esto es
lo indecible
lo intratable
la fascinación ante el cuerpo
muerto
una mirada, una caricia
en ella se va
la evidencia última
somos distintos, separados
discontinuos
medios andróginos divididos
en nosotros la tristeza
angustia profunda
ser y no ser a la vez
estar en el límite
vos allá
yo acá
esto es
el fin
de la vida
vos acá
muerta
y yo que me pierdo del otro lado
buscándote
degustando la amargura
que ni una ni mil lágrimas
pueden aplacar
frente al cuerpo
materia evidente
de esto que me duele:
la pérdida
o
la perdida.